jueves, septiembre 24, 2009

No son Cuentos. Así es la Vida Todos los dias.

Querid@s. Entre todos/as podemos buscar el final a esta historia.

24/09/2009



Todos en algún momento hemos pensado la manipulación que sobre nosotros mismos un desaprendido puede y habrá hecho sobre nuestra forma de pensar, escribir, trabajar y como no relacionarnos tanto en un ambiente laboral, familiar o de amistad.
Pues bien, esta es la historia de una pareja sin final porque desconociendo su principio que cada cual añada su propia experiencia.



Era uno de tantos días grises de atmósfera. Sobre las 10 de la mañana (no antes porque después de dejar su vespa en un garaje) desayunan para encontrarse en el mismo bar con la misma gente o solos, que mas da. (Se bastan y se sobran).

Tomando su café, acompañado de porras... (deben de hacer notar su presencia por si algún cliente no ha percibido que han llegado los sin nombre).

Ella con ropa de mercadillo pachanguero; botas a media tibia y tacón flameando los males andares; bolso de plástico sin imitación posible; pelo, corte masculino ganadero. Moviendo las manos y su cuerpo de yuguero ácido se aproxima a la barra pero, su querido esposo es más rápido y con espavientos airosos sacudiendo sabanas con los brazos, ordena que tome asiento.

El camarero, sonríe pensando: lo mismo de todas las mañanas. Educado el señor en sus modales por ser clientes que pagan no con su dinero el consumo que hacen los elegidos.

Bromea el marido, creyéndose que todos los que están allí le oyen, grita las bromas del partido con el camarero.

(El camarero sigue pensando: más vale que me hable de fútbol porque ni de eso sabe).

Coge los vasos de café; apenas le caben en las manos rollizas, se le tambalean, no quiere manchar, su chica le mira, el va despacio. (Entre ellos se adivina que otra noche más no han tenido sexo). Al menos ella.

Carcajea con los que entran. (Les ofrece asiento a unos pocos y empiezan a murmurar)

Hay quien desde la ventana en el piso de enfrente les observa.
Es un tipo pequeño, delgado, pero ha remontado una fábrica de hojas de papel.
Dirigiéndose a su director comercial comenta: (Que suerte he tenido en tener a este tipo en la empresa contraria. Mira que es tonto, pero ha conseguido mis objetivos: Que me quedase con el 80% de la gestión de las ayudas que recibe la suya…)

Una hora entre café y café. Las historias, maliciosamente inventadas entran por los oídos de quien sucumbe a la maleficencia diabólica matrimonial. Hay quien escuchando atento las proposiciones tan largas como su cuerpo, asiente con la cabeza. Risas y más risas. Movimientos compulsivos del que se cree dominante. Aires de reinas entre ellas con chaquetas de oveja rancia.

Una mañana más, sentenciados el resto de compañeros, subirán por la escalinata dando órdenes.

Ellas, sentadas en los ordenadores seguirán hablando de las cafeteras más caras del mercado. (…abrirán el ordenador para ver el mismo documento de todos los días, semanas y meses…)

La señora, la gran señora harta de cuidar cabras (con respeto a los pastores) se siente reinona, sin modales educación ni cultura, come cuando le place sobre el teclado.
Es jefa... ¡explicármelo.


El, su querido esposo y maltrecho amante de meretrices. Jefe, careciendo del conocimiento cultural elemental más básico de ésta humanidad experto en perversidades…
Sobrepuesto, están otros que no menos que ellos se han hecho con el control del pensamiento.

Desde la planta cuarta, los vecinos murmuran:
Mira que consto años levantar todo y ver como se derrumba.

Conscientes de ello unos siguen y otros se marchan por no aguantarlos.


Ha huido el conocimiento dando paso a ejemplares infames puestos a dedo sin miramientos.

No hay comentarios: