Qué coincidencia. Hoy lunes a las 9 de la mañana en la puerta del ascensor. Con su cazadora imitando piel de mercadillo color gris triste.
Duchado oliendo a gel caro, adivino la marca pero me cuesta respirarle.
Los buenos días se cruzan mientras la puerta del ascensor se abre.
Miro a ambos lados de los pasillos, nadie se aproxima, abro el bolso simulando coger el móvil que nunca encuentro. Veo sus pies, los zapatos cubiertos de polvo y masilla del día en que llovió hace ahora un mes.
Saca su mano rolliza del bolsillo y me deja pasar primero.
Apoyada sobre el espejo tengo su nuca en mi nariz…el cuello rosa de la camisa rebosa pelotillas, con un corte de pelo barriobajero orgulloso de cacarearse exquisito.
(Tenemos 10 pisos por delante, pienso mientras gira su adiposo cuerpo.)
Con la expresión que deja el alcohol parrandeando la noche anterior, necesitado de cotejar al nuevo jefe y mirándome empieza a charlotear de temas laborales…
Con sonrisa perniciosa, mirada fija y cabeza alta, escuchándole, mi mente se deleita en imaginar los más severos sentimientos de aversión que siento.
Avaro, farsante, insidioso, desleal…y… parece mentira pero asciende puestos como nadie. Yo lo sé soy tu peor pesadilla por eso, no me aguantas y me respetas, me adelanto a tus atropellos y tengo que silenciar mis palabras. Cuatrero, manipulador. Rastreramente te manejas con los de arriba. Te gustaría quitarme de la oficina, estás trabajando para ello y te debe de costar, lo vas a conseguir, lo tienes fácil…Yo me iré pero que sepas que eres un hombre embuchado en la suerte del que te puso…No me das pena, me das asco…y tristeza porque te enriqueces con todo lo que no es tuyo…
…Avisa el timbre de la planta 10, hemos llegado. Sacando la mano del bolsillo abre la puerta dejándome salir, con la cabeza inclinada mirando al suelo pega un estrépito portazo.
(Su inteligencia chispea con la fuerza tosca)
Escucharle, nada, es su misma película, que le sostengan otros.
Duchado oliendo a gel caro, adivino la marca pero me cuesta respirarle.
Los buenos días se cruzan mientras la puerta del ascensor se abre.
Miro a ambos lados de los pasillos, nadie se aproxima, abro el bolso simulando coger el móvil que nunca encuentro. Veo sus pies, los zapatos cubiertos de polvo y masilla del día en que llovió hace ahora un mes.
Saca su mano rolliza del bolsillo y me deja pasar primero.
Apoyada sobre el espejo tengo su nuca en mi nariz…el cuello rosa de la camisa rebosa pelotillas, con un corte de pelo barriobajero orgulloso de cacarearse exquisito.
(Tenemos 10 pisos por delante, pienso mientras gira su adiposo cuerpo.)
Con la expresión que deja el alcohol parrandeando la noche anterior, necesitado de cotejar al nuevo jefe y mirándome empieza a charlotear de temas laborales…
Con sonrisa perniciosa, mirada fija y cabeza alta, escuchándole, mi mente se deleita en imaginar los más severos sentimientos de aversión que siento.
Avaro, farsante, insidioso, desleal…y… parece mentira pero asciende puestos como nadie. Yo lo sé soy tu peor pesadilla por eso, no me aguantas y me respetas, me adelanto a tus atropellos y tengo que silenciar mis palabras. Cuatrero, manipulador. Rastreramente te manejas con los de arriba. Te gustaría quitarme de la oficina, estás trabajando para ello y te debe de costar, lo vas a conseguir, lo tienes fácil…Yo me iré pero que sepas que eres un hombre embuchado en la suerte del que te puso…No me das pena, me das asco…y tristeza porque te enriqueces con todo lo que no es tuyo…
…Avisa el timbre de la planta 10, hemos llegado. Sacando la mano del bolsillo abre la puerta dejándome salir, con la cabeza inclinada mirando al suelo pega un estrépito portazo.
(Su inteligencia chispea con la fuerza tosca)
Escucharle, nada, es su misma película, que le sostengan otros.
Mª del Rosario Sanchez-Ortega Rodríguez 02/2009
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